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miércoles, 27 de agosto de 2014

El Estado Innovador es lo que marca la diferencia


Antes de ir para Asturias, ayer tuve tiempo de ver la única película dirigida por Phillip Seymour Hoffman, ‘Una cita para el verano’ (Jack goes boating, 2010). Basada en una obra de teatro neoyorkina de Robert Glaudini, es la historia de un conductor de limusinas de carácter introvertido (que interpreta admirablemente el propio PSH) que quiere conquistar a una chica también introvertida (Amy Ryan) aprendiendo a nadar y a cocinar, ayudado por una pareja de amigos (John Ortiz y Daphne Rubin-Vega, que también actuaron con Phillip en la escena). “Phillip Seymour Hofman dirige como actúa, con ojo de lince para los pequeños detalles que diseccionan el alma del personaje” (Peter Travers, Rolling Stone).
Tengo pendiente en DVD volver a ver ‘La duda’ (con Merryl Streep), ‘Esencia de mujer’ (con Al Pacino) y un par de cintas más del genial PSH. Un gran actor de nuestro tiempo.
También he estado leyendo ‘Lo Stato innovatore’ (El Estado Innovador), de Mariana Mazzucato, subtitulado. “A la empresa privada se la considera una fuerza innovadora, mientras que el Estado es tomado como una fuerza inercial, demasiado voluminosa y pesada para servir de motor dinámico. El propósito de este libro que tiene entre las manos es desmontar este mito”. La cosa promete. La Dra. Mazzucato, catedrática de Innovación de la Universidad de Sussex, es una de las mayores expertas internacionales en economía de la innovación.
En la introducción a la edición italiana (la original, de 2013, es en inglés), la autora parte de un análisis muy certero: los países que antes de 2007 habían invertido en desarrollo del capital humano, nuevas tecnologías e I+D han superado la crisis satisfactoriamente; la periferia de Europa (que Goldman Sachs llamó de manera infame, “PIGS”) se han mantenido en ella. Alemania apuesta por un “crecimiento verde”, con instituciones de “capitalismo paciente” que soportan el desarrollo y la innovación. Para Europa, Mariana propone no estimular el crecimiento a través de impuestos, que lo que importa en la financiación no es la cantidad sino la calidad y analizar la “gobernanza” (término de moda) y la condicionalidad (fomentar la competencia y el rendimiento).
Se trata de hacerlo todo de manera diferente. Mazzucato parte, obviamente de Adam Smith y la mano invisible del mercado, pero también de Keynes, presente en EE UU, China y Alemania.
De la ideología de la crisis a la división del trabajo innovador. David Cameron, primer ministro británico, ejemplifica la búsqueda de un Estado reducido a la mínima expresión. En los Juegos de Londres de 2012, la seguridad fue adjudicada a una empresa privada, G4S, que demostró ser incapaz de afrontar el reto. En la Eurozona, el dogma es que la austeridad llevará al crecimiento; sin embargo, en EE UU el Departamento de Energía es el principal financiador de la I+D. El riesgo es desigual, porque hay “ecosistemas simbióticos” y “ecosistemas parásitos”.
Según el modelo de Solow, la producción es una función de trabajo y capital. El propio Solow descubre que el 90% del progreso técnico no depende de estos dos factores (“una medida de nuestra ignorancia”, Abramovitz, 1956). Las variables exógenas son la I+D y el desarrollo del capital humano. La autora compara los casos japonés y soviético para explicar por qué el primero funcionó (con una inversión en I+D del 2’5% sobre el PIB) y el segundo fracasó (con un 4%).
Mazzucato desmonta seis mitos sobre la Innovación: Que dependa del I+D, que lo pequeño (pymes) sea hermoso, que el “venture capital” ame el riesgo (suele invertir en la 2ª etapa, no en la 1ª), que realmente vivamos en la economía del conocimiento, que el problema de Europa sea la comercialización y que las empresas inviertan solo si hay menos impuestos y burocracia. Muy brillante.
¿Quién asume el riesgo? En EE UU, el 26% el gobierno federal y el 4% la universidad. En investigación de base, el 57% de la financiación es federal, el 15% la universidad y el 11% otros públicos. La empresa, solo el 18%. Esa es la clave. El Estado guía la innovación radical, la más arriesgada.
La autora cita a Erik Reinert (2007), que nos recuerda que en su fundación, Estados Unidos se debatía entre el intervencionismo de Hamilton y el liberalismo de Jefferson. “Con el tiempo y el pragmatismo americano, esta rivalidad se resolvió dejando a los jeffersonianos el control de la retórica y a los hamiltonianos el control de la política económica”. El New Deal de Roosevelt y las prácticas desde la II GM son intervencionistas, con instrumentos como el Arpa (creada en 1958) o el programa SBIR. La industria farmacéutica, la ingeniería o las nuevas tecnologías se han beneficiado de este apoyo.
Lo mejor del libro, en mi opinión, es cómo Mariana analiza el éxito de Apple. Invierte poco en I+D (2’8%, frente al 13’8% de Microsoft o más del 12% de Nokia, Google o Sony Ericsson). Sus mayores “innovaciones” contienen una docena de novedades… que no ha inventado la compañía de la manzana. Desde las baterías a la memoria, el multitouch a la tecnología celular e internet… han sido financiadas por el Estado americano. Está muy bien el “stay hungry, stay foolish” de Jobs en Stanford, utilizando el I+D público.
Lo mismo ocurre en la revolución industrial verde, en las energías limpias (eólico, solar, con Vestas, GE, Exxon, GM o BP) o en otros ecosistemas simbióticos. La paradoja, declara Mazzucato, es que el éxito de ciertas empresas no revierte igual en el país.
Se socializa el riesgo, se privatiza el beneficio, y se echan de menos laboratorios como los Bell Labs o Xerox Parc, que son cosa del pasado. La KfW (Banca para la Reconstrucción) alemana ha declarado beneficios de 3.000 M $, mientras otras entidades financieras dan pérdidas.
 Como conclusiones: 1) El “Estado innovador” hay que construirlo, con instituciones apropiadas; la gobernanza no debe ser excusa para la liberalización de los mercados, sino para la competencia y el mérito. 2) El Estado debe invertir en riesgo incierto, de base (como, de hecho, hace en los países punteros). 3) Las pymes y el venture capital debe jugar su papel, complementario al del Estado y las grandes empresas.
Gran libro. Economistas de la innovación como Mariana Mazzucato nos enseñan que con frecuencia la retórica va por un lado y la realidad por otro. 

martes, 26 de agosto de 2014

10 trucos para disfrutar de una gran conversación


Hoy martes es el día de “puente” entre las vacaciones  y la “nueva temporada” que comienza mañana en Asturias. Las vacaciones han sido magníficas, especialmente estas últimas dos semanas en Roma y Berlín; unos 80 km a pie en la capital italiana (una media de 16 km diarios), además de tranvía, autocares turísticos, etc; unos 60 km en la capital alemana (una media de 15 km diarios), además de autobuses y recorridos turísticos. Montones de vivencias para recargar baterías y encarar el nuevo año (2ª temporada en ManpowerGroup) con las máximas ganas, extremadamente ilusionado.
Ayer en la sala de OneWorld, gestionada en Berlín por British Airways, disfruté especialmente de la revista Business Life de BA.
En su artículo de portada, Jeremy Whyte de Wired se pregunta ‘What’s next?’ (¿Qué es lo próximo?), un análisis de los teléfonos móviles, desde 1984 (el Motorola Dynatac 8000 X) a nuestros días (el iPhone 5s, el Xperia Z1 compact, el Galaxy S5, el One M8). Hasta 2003, cada vez más pequeños (el mínimo, el Samsung E100). Desde entonces, cada vez mayores. Los rumores sobre el iphone6 es que será más grande que el actual, más delgado, con mejor pantalla.
James Ashton, Head of Business del londinense Evening Standard y del The Independent, analiza el ratio entre lo que ganan los CEOs en Gran Bretaña y la media de los empleados. En Estados Unidos, en 2012 el ratio fue de 354 a 1 y este 2014, de 331 a 1 (35.293$ anuales gana el empleado medio y 11’7M $ su jefe supremo). Entre las FTSE 100, el ratio es de 120 veces (era 47 veces en 1998). Como Ashton, los expertos en retribución consideran que esos ratios no son escándalos; simplemente reflejan la oferta y la demanda en dos mercados (laborales) muy distintos.
Sorrel Downer trata las presentaciones graficas. En las “muertes por powerpoint”, la mitad del cerebro (el hemisferio derecho, el visual y holístico) se pierde. Es el momento gráfico (fotos, dibujos, impactos visuales) y no de listas interminables (y aburrídisimas) de letras y números. Tenemos que mejorar mucho (esta temporada, sin ir más lejos) en esa línea.
Y Judy Apps, experta en comunicación y autora del libro ‘The Art of Conversation’ nos propone ‘It’s good to talk’ (Es bueno hablar), un listado de diez sugerencias para mantener una estupenda conversación:
1. Empieza donde sea, ¡pero habla! Si estás en un acto social, aporta un comentario casual, amistoso, que no sea personal. Si te ignoran, no pasa nada. Si hay respuesta, genial.
2. Ajústate. Entra en la misma longitud de onda que la otra persona adoptando una energía similar a la suya. Así se hacen las buenas conexiones.
3. Utiliza la curiosidad. Las preguntas ayudan mucho.
4. No lances la bola. Las conversaciones son como partidos de tenis. Contesta a las preguntas, haz tú las tuyas.
5. No establezcas barreras. Trata de no caer en prejuicios. Escucha atentamente, sin criticar, tratando de llegar a la reflexión.
6. No estés de acuerdo con todo. Así no se puede conocer a nadie y resulta aburrido. Trata de mantener una conversación en la que no sea tenso el que no tengáis la misma opinión.
7. Estate presente y sé real. No finjas ser más interesante de lo que eres. Sé natural, con tu vulnerabilidad. Cuando eres genuin@, la otra persona conecta mucho más contigo.
8. Muestra energía espontánea. Si insistes en mantener tus emociones a buen recaudo, la otra persona no te podrá conocer. Mostrar tus sentimientos es la forma más rápida de conectar.
9. Comparte lo que te importa. Las buenas relaciones en el trabajo se consiguen compartiendo valores. Lo mismo ocurre en cualquier conversación.
10. Confía en ti mism@. Así la conversación fluye como debe. El silencio es natural como parte de una conversación gratificante.

Consejos muy útiles. Gracias a Judy (leeré su libro), a Sorrel, James y Jeremy por sus espléndidos artículos.        

lunes, 25 de agosto de 2014

10 claves para aprender de la Innovación alemana


Hemos concluido Zoe y yo las vacaciones estivales por Roma y Berlín (vuelo de Iberia Berlín-Madrid a las 19,50).
Ayer, visita al Museo Dalí (su lema: “Entra en mi cerebro”), al Museo de la Comunicación, al Museo de Ciencias Naturales. Y hoy, al Museo de la Técnica (mi hija va para Ingeniera Industrial, con permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide).
Alemania es sinónimo de eficiencia, de exportación, de industria… Pero, ¿de Innovación (así, con mayúsculas)? Sin duda. En estos días he aprendido mucho de los berlineses y de los alemanes en su conjunto al respecto. Y me atrevo, humilde y respetuosamente, a dar una serie de claves que nos pueden resultar útiles.
- Innovación es ATREVIMIENTO. Se trata de combinar lo clásico con lo avanzado. Como ejemplo, la Humboldt-Box cerca de la Puerta de Brandemburgo. Un edificio futurista de cinco plantas y 28 metros de altura, con una superficie de 3.000 m2, diseñado por KSV (Krüger Schubert Vandreike). Abrió en junio del 2011 como sede del Humboldt Forum, Museos, la Universidad y la Biblioteca de la ciudad. Mezclar estilos es muy innovador y rompedor. Claro que se la ha criticado (se la ha llamado “un monstruo de proporciones galácticas”, por Taggelspiegel), pero si no levanta ampollas es que no marca la diferencia.
- Innovación es DIVERSIDAD. Berlín es una ciudad tolerante, con talentos de múltiples nacionalidades y creencias. Tal vez menos pintoresca que Nueva York o Londres, pero efectiva en su diversidad. Su actual alcalde, Klaus Wowereit, la describe como “pobre, pero sexy”. Sus alquileres y coste de la vida están entre los más bajos del país. Sus universidades atraen a miles de estudiantes de todo el mundo. Sus posibilidades son un imán para músicos y artistas, para la clase creativa. L@s jóvenes la describen como “la nueva NYC”.
- Innovación es RIGOR. Sistemática, mejora continua. Berlín tiene un claro concepto de sí misma, de sus símbolos (el oso, la Puerta de Brandenburgo, incluso el Ampelmanm –muñeco del semáforo, en verde y en rojo, creado en la Alemania del Este en 1961 por Karl Peglau, psicólogo del tráfico-). Y mejora a partir de ahí, sistemáticamente. Sin claridad de ideas y de conceptos, la innovación es parcial y limitada.
- Innovación es EJECUCIÓN. La creatividad es una cosa (previa) y la innovación, llevar la creatividad hasta el final, hasta la obra terminada. Muchos “creativos” no concluyen lo que empiezan, y por ello no son innovadores. Berlín es la ciudad de la Bauhaus, creada por Walter Gropius; de la Berlinale (el festival de cine) en febrero; de la IFA (la Feria de Tecnología más importante de Europa); de la ITB  (Turismo), de MeLa (Agricultura y pesca), Fruit Logistica, ILA (Aviación), Bread & Butter (Moda) o  VENUS (la principal feria del sector erótico en el mundo). 
- Innovación es aprovechar las OPORTUNIDADES. Nos ha encantado el Sony Center en Postdamerplatz, diseñado por JAHN y abierto en 2000. De una “tierra de nadie”, destruida en la II GM, a una de los más modernos conjuntos arquitectónicos de Europa. Una inversión de 750 M €. La jirafa de Legoland, el teatro Imax, cines, el “Billy Wilder’s” (en honor al genial director), cafeterías y restaurantes…
- Innovación es FUNCIONALIDAD. La innovación ha de servir para algo. Como ejemplo gastronómico, la “Currywurst” (una salchicha alemana cortada en rebanadas y servida con curry), creada por Herta Heuwer en Berlín (en su puesto callejero del barrio de Charlottenburg) el 4 de septiembre de 1949. En 1959 la autora registró su salsa, Chillup. Kraft trató de comprarle la receta, pero la Sra. Heuwer siempre se negó. Hay en la ciudad un museo alemán de la Currywurst (a 100 m del Checkpoint Charlie), canciones y novelas sobre este popular plato berlinés.    
- Innovación es HUMOR. Para innovar, hay que saber reírse de un@ mism@. Berlín es la capital del cabaret. Una de las funciones de más éxito en la ciudad es ‘Cómo convertirse en berlinés en una hora’, un show del cómico Karsten Keier en inglés con 100% humor alemán. Karsten se ha formado en EE UU, ha vivido en España y nos propone dejar de ser “demasiado amables” para convertirnos en un/a “berliner schnultze”. El protagonista de la versión alemana de ‘El cavernícola’ nos enseña a vestirnos, pensar, actuar, andar y hablar como berlineses. A Kennedy (“Ich Bin Ein Berliner”) le habría encantado. 
- Innovación es CULTURA. En Berlín hay multitud de museos y galerías de arte (solo en la “isla de los museos” encontramos una veintena). Las universidades Humboldt, Frei y TU cuentan con un@s 30.000 estudiantes cada una. Las academias de artes están entre lo mejor de Europa. La vida cultural de la ciudad es impresionante (ayer, por ejemplo, Daniel Barneboim con su orquesta del diván). Sin cultura no hay verdadera innovación.
- Innovación es BUEN GUSTO. Innovación siempre con criterio, porque no vale todo. En Berlín se encuentran las Galerías Lafayette (en Friedrichstrasse), al estilo francés, o KaDeWe (Kaufhaus des Westens, Centro Comercial del Oeste), el mayor centro comercial de la Europa continental (el segundo de Europa tras el londinense Harrod’s): 60.000 m2 de superficie de venta y 380.000 artículos para comprar. Se mantiene desde 1907, con un aura entre templo de las compras e institución berlinesa.
- Innovación es RELATO. A lo largo de 3’5 siglos, Berlín tiene una fascinante historia. Ha sido construida y destruida, enaltecida y humillada, conquistadora y conquistada, dividida y reunificada. Berlín, ante todo, es vitalista. Barrios bohemios como el de Kreutzberg ponen en valor su estilo de vida.   
Mi gratitud a los berlineses, y a los alemanes en general, que tanto nos enseñan sobre Innovación.  

domingo, 24 de agosto de 2014

Clase Creativa: Por un mundo sin muros


La capitalidad de Berlín tiene mucho que ver con el talento. En 1685, el Gran Elector promulgó el Edicto de Postdam, dando la bienvenida a los hugonotes franceses perseguidos a causa de sus creencias religiosas. 20.000 profesionales (muchos de ellos, artesanos y científicos) respondieron a la llamada e impulsaron como nunca antes la ciencia, la cultura y las artes.
El segundo gran momento de la historia de la capital alemana tiene que ver con Federico el Grande, que en 1744 transformó el Forum Fredicianum en la Under den Linden, con obras maestras de la arquitectura como el Teatro Nacional de la Ópera. En esta bellísima avenida, la estatua del Viejo Fritz (sobrenombre del monarca prusiano) a caballo, obra de Christian Daniel Rauch (1840), recuerda su legado. A pocos metros, la Universidad Humboldt, la más antigua y prestigiosa de Berlín, fundada por el naturalista en 1890, en la que han estudiado 23 premios Nobel, entre ellos Albert Einstein.
Luces, pero también sombras. En Bebelplatz hay un monumento que recuerda la quema de libros por parte de los nazis el 10 de mayo de 1933. El Ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, exhortó a los jóvenes a quemar los libros contra sus ideas. Entre los participantes, miembros de las juventudes hitlerianas, las SA (“camisas pardas”), las SS y la Liga de estudiantes nazis. Unos 20.000 textos fueron llevados a la pira. Obras de Heinrich Mann, Remarque, Heinrich Heine, Karl Marx, Albert Einstein. El Memorial del hebreo Micha Ulman (1939), creado en 1995, es una biblioteca vacía (que podría albergar los 20.000 libros) excavada en el suelo y el lema de Heine: “Era solo el preludio. Cuando se queman libros, al final se queman personas”. Cuanta menos tolerancia, menos talento. Es lo bello de la libertad.
Este fin de semana, ayer sábado, hemos estado visitando el Museo del Checkpoint Charlie. Hace 27 años, cuando lo vi por primera vez (era más pequeño y sombrío) era dramático, porque el Muro y la DDR seguían estando presentes. Hoy, con mi hija Zoe, sigue siendo sobrecogedor.
Como sabes, el Muro de Berlín se erigió en 1961. Para la República Democrática Alemana, Occidente era un “enemigo seductor”. Entre 1949 (fundación de “las dos Alemanias”) y 1960 casi seis millones de personas pasaron del Este al Oeste. Más de medio millón atravesaba en Berlín la frontera de un lado a otro. El Presidente de la RDA, Walter Ulbricht (1893-1973), pensó que la construcción de un Muro impenetrable resolvería la situación, convertiría al país en el gran bastión del comunismo y aumentaría el apoyo de la URSS. ¡Qué aberración!
La Unión Soviética aumentó significativamente las tropas en suelo alemán entre mayo y agosto de 1961, Ulbricht habló por primera vez de la posibilidad de un Muro cuando ya había sido planificado (todavía el 15 de junio, dijo solemnemente: “¡Nadie tiene la intención de levantar un muro!”) y las potencias occidentales (De Gaulle, Kennedy y Harold Macmillan) respondieron desde la pasividad. “Todavía no vamos a hacer nada, porque la alternativa es la guerra” (JFK). La III GM estuvo muy cerca.
La noche del 13 de agosto, todo estaba preparado. El entonces ministro de defensa, Erich Honecker, cumplió el plan a la perfección: 38.000 puntos de acceso bloqueados. Estaciones de metro eliminadas, alambre de púas, familias destrozadas. La RDA sintió que le había dado una lección al capitalismo y que defendía su “modo de vida”.
En Berlín occidental, el pueblo indignado salió a la calle (300.000 personas el 16 de agosto frente al ayuntamiento en Schönberg). La imagen del soldado Conrad Schumann jugándose la vida, saltando hacia la libertad sobre el alambre de púas está en la memoria de todos.
Miles de alemanes trataron de traspasar el Muro en los siguientes 28 años. En total, 136 personas fueron abatidas por los soldados. En el Museo del Checkpoint Charlie se muestran varias formas de escapar: falsos suelos en los coches, por el río, a través de túneles bajo tierra, con globos aerostáticos…
El Acuerdo de Ocupación tras la II GM establecía la libre circulación de las tropas aliadas, por lo que en octubre de 1961 hubo un enfrentamiento de tanques en Checkpoint Charlie: soviéticos y estadounidenses frente a frente. Al final se retiraron ambos sin derramamiento de sangre.
Un “anillo alrededor de Berlín” de 155 kilómetros, construido con losas de hormigón, ladrillos huecos y alambre de púas de unos 2 metros. Con el tiempo, se agregaron zanjas, alambre de espino, focos, placas de acero, torres de vigilancia, patrullas, una “zona de la muerte” de 100 metros. El Muro estaba en la 3ª generación y estaba prevista la 4ª para el año 2000.
En más de un cuarto de siglo, los ciudadanos de uno y otro lado se acostumbraron al “muro comunista de la vergüenza”. Unos 5.000 berlineses lograron escapar alegando una residencia en la RFA. Con el tiempo solo se permitió la salida a los miembros del partido. La República Federal “compró” ciudadanos libres: unos 34.000 prisioneros por unos 8.000 M de marcos alemanes.
Gorbachov se convirtió en líder de la URSS en 1985 y desde entonces las estructuras se desmoronaron. La “glasnost” (transparencia) y la “perestroika” (renovación) representaron una esperanza, aunque el gobierno de Honecker se opuso taxativamente a ambos. Entre enero y septiembre de 1961, 161.000 alemanes se inscribieron para abandonar el país. El Politburó consideraba el derribo del Muro antes de que lo hicieran otros. Cuando se le negó el apoyo del Ejército Rojo, Honecker fue depuesto el 17 de octubre de 1989.
Hungría abrió sus fronteras a Occidente y eliminó el Telón de Acero. El 6-7 de octubre de 1989, Honecker ofreció una pomposa fiesta de autocomplacencia a su invitado Gorbachov mientras la Stasi detenía a 3.500 personas. El  de noviembre, Alexanderplatz vivió una manifestación masiva (500.000 personas). El 9 de noviembre el portavoz del Politburó Günther Schabowski anuncia la apertura de fronteras. En poco tiempo decenas de miles de personas se aproximan al Muro. La caída es un hecho que desata la euforia.
Desde la reunificación (3 de octubre de 1990), partes del Muro pueden adquirirse y encontrarse en todas partes del mundo (un servidor tiene un trocito en casa). La East Side Gallery (1’3 kilometros) está aquí cerca del Nhow, en el margen del río Spree, entre los barrios de Kreuzberg y Friedrichschain.
Desgraciadamente, todavía quedan muros que separan a las personas: entre Israel y Cisjordania, entre Corea del Norte y Corea del Sur, en Irak, en Arabia Saudita, en Kuwait, en Uzbekistán y sus tres vecinos, entre India y Pakistán, entre Estados Unidos y México,  en Belfast, en Brasil, en Perú, en Ceuta y Melilla.
Mi gratitud hacia quienes defienden la libertad, desde el Dr. Rainer Hildebrandt, que inició el Museo del Checkpoint Charlie el 19 de octubre de 1962 y su viuda, que lo sigue dirigiendo, al Mahatma Gandhi, cuyo diario puede verse en el Museo, o Andrei Sakharov (1921-1989), premio Nobel de la Paz 1975, de quien se conserva en Checkpoint Charlie su máscara mortuoria.  

sábado, 23 de agosto de 2014

El Liderazgo de Willy Brandt


Estamos estos días en el NHow, un hotel de la cadena NH en la capital alemana junto al río. Un hotel precioso, tematizado en torno a la música y su estilo de vida. Su lema: “Elevate your stay” (Eleva tu estancia). Es el 2º Nhow, tras el de Milán. Situado entre los edificios de Universal Music y el de Coca Cola, posee ascensores de música clásica, rock, electrónica y jazz. Creado en colaboración con el estudio de grabación Berlín Hansa, es un modelo de hotel de nueva era.
Ayer estuvimos en el Legoland Discovery Center, en Madame Tussaud’s, en Sea Life… todos ellos, en la parte este de la ciudad. Berlín es una lección de la necesidad de adaptarse a los tiempos. Hace un cuarto de siglo, Berlín oeste era un modelo de vitalidad y la capital de la DDR, algo anticuado. Hoy, la KuDam (en el oeste) está anticuada y la zona desde la Puerta de Brandemburgo hasta AlexanderPlatz es la más avanzada.
También estuvimos en  el Fórum Willy Brandt, en recuerdo del que fuera alcalde de Berlín, líder del SPD y canciller de la Alemania Federal de 1969 a 1974.
Nacido como Herbert Karl Frahm en Lübeck en 1913, ingresó en las Juventudes Socialistas en 1930. Willy Brandt fue su “nom de guerre” tras ser perseguido por los nazis. Al llegar al poder, se trasladó a Noruega y ejerció como periodista. Cuando el III Reich invadió el país, pasó a Suecia. En 1945, recuperó la nacionalidad alemana, ingresó en el SPD y se estableció en Berlín Occidental.
Alcalde de la ciudad desde 1957, tuvo que sufrir la crisis que supuso el Muro en 1961. En su tiempo, J. F. Kennedy visitó la ciudad y dio su famoso discurso: “Soy un berlinés”.  Presidente del partido socialdemócrata desde 1964, evolucionó hacia posiciones más centristas y en 1966 se incorporó a “la Gran Coalición” CDU-SPD como Vicecanciller y Ministro de Asuntos Elecciones. En el 69, con un SPD más fuerte, creó una coalición de gobierno con el FPD y fue nombrado Canciller.
Willy Brandt desarrolló la “Nueva Política Oriental” (Neue Ostpolitik) de acercamiento a la URSS y sus países satélite. En 1971 fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz. Fue toda una transformación ese “cambio a través del acercamiento”.
Perdió la mayoría en 1972, aunque superó una moción de censura. Sufrió una huelga de servicios públicos en 1974 y el “asunto Guillaume” (uno de sus asistentes personales, Günter Guillaume, se comprobó que era un espía de la Alemania Oriental) provocó su caída. Brandt renunció a su cargo como Canciller el 6 de mayo de 1974.
Mantuvo su escaño en el Bundestag y como presidente del SPD hasta 1987. A partir de entonces fue presidente de honor. Fue presidente de la Internacional Socialista desde 1976 a 1983.
A finales de 1989, Brandt fue uno de los primeros en pedir una rápida reunificación de Alemania. Tuvo la satisfacción de ver la caída del Muro de Berlín. Falleció en 1992 a los 79 años de cáncer de colón.
De tendencias depresivas, era tan visionario y pragmático como desconfiado. Tiempos difíciles exigen líderes excepcionales como Willy Brandt. En el Fórum he comprado un vídeo sobre su vida y sus ideas que me ha hecho reflexionar mucho.
Willy Brandt recibió un funeral de Estado, está enterrado en el cementerio de Berlín y tanto la sede del SPD como el aeropuerto de Berlín-Brandemburgo como un edificio del Parlamento Europeo llevan su nombre.
Entre sus frases que han pasado a la historia: “Queremos atrevernos a más democracia” (1969), “Los que se adhieren al pasado no pueden enfrentarse al futuro” (1973), “Berlín vivirá y el Muro caerá” (1989), “Con frecuencia hace falta más coraje para cambiar de opinión que para mantenerla” y sobre todo “Mi verdadero éxito fue haber contribuido a que en el mundo en el que vivimos el nombre de nuestro país y el concepto de la paz puedan ser mencionados en el mismo aliento”.