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jueves, 18 de diciembre de 2014

El Talento de Woody Allen


Segunda jornada de la semana en Barcelona, con reuniones internas de revisión del año y preparación de la nueva temporada. Cena del Comité de Dirección en la Barceloneta, frente al Mediterráneo. Ha sido un año intenso, del que podemos sentirnos sanamente orgullos@s.
Ayer en el AVE y después por la noche he estado viendo el documental (escrito, dirigido y producido por Robert Weide) sobre Woody Allen, un talento polifacético: cómico, músico (clarinetista), escritor, actor. El cine, como director, le ha permitido generar su propio mundo personal (algo similar a Charlie Chaplin) hasta convertirse en una Marca poderosa en el séptimo arte.
A partir de los 5 años, se volvió un gruñón. Sus abuelos llegaron a Estados Unidos desde Rusia. Su padre fue el dueño de un cine de Brooklyn y acabó perdiendo su fortuna; su madre trabajaba para él. Fue ella la que inculcó a sus hijos que tenían que estudiar. En el cine Midwood, junto a su casa, vio muchísimas películas. A los 17 empezó a tocar el saxofón; y de ahí al clarinete. Practicaba y practicaba. “Woody no hace nada que no crea que puede hacer muy bien”, dice su hermana. Le gusta tocar el clarinete aún más que dirigir películas. Sensibilidad musical, que le permite hacer grandes comedias, muy emotivas.
Tras el Instituto, Alan Konisberg (su verdadero nombre) empezó a escribir chistes para un periódico (por ejemplo, “un hipócrita es un tipo que escribe un libro sobre el ateísmo y reza para que se venda”). Escribía unos 50 chistes diarios, a 25 $. Con 17 años, ganaba más dinero que sus padres. Desde entonces, lo escribe todo con una máquina de escribir alemana, una Olimpia portátil, que está seguro que le sobrevivirá.
Se casó a los 18. En sus palabras, “ya había ido al cine, a la bolera, a restaurantes… No le quedaba otra cosa que casarse”. Salieron de casa de sus padres, pero no funcionó. En uno de sus monólogos, decía: “Me casé con una mujer muy inmadura. Un día, mientras me estaba bañando, entró de repente y me hundió mis barcos”. En 1965, le invitaron a ir a trabajar a Tamiment, una zona de recreo donde había espectáculos en vivo de fin de semana. Con 21, escribía para Sid Caesar, un genio de la comedia, junto a Mel Brooks.
Woody se veía como escritor, pero no como un cómico que saliera a un escenario. Otros le vieron así. Mort Sahl (que lo hacía todo diferente: personal, fresco, innovador) fue su gran fuente de inspiración. Woody Allen creó un estilo propio. Por ejemplo, “tengo que hablar de los anticonceptivos orales. Hace unos días le pedí a una chica que se acostara conmigo y me dijo: ¡No!”.
Una persona tan tímida como él sufría mucho en el escenario. Pero de ahí salió en televisión (“así es como se forjan los ídolos nacionales”): boxeó contra un canguro, cantó con un perro, cantó (horriblemente) vestido de frac y con sombrero de copa…
¿Cómo entró en el mundo del cine? Cuando actuaba en el Blue Angel (iban muchas estrellas allí), Shirley McLaine llevó a un amigo, Charles Feldman, un productor. Le ofreció 20.000 $ por escribir ‘¿Qué hay, Pussycat?’. Le modificaron casi todo. “Si la hubiera dirigido yo, sería una peli muchísimo más graciosa, pero habría hecho menos dinero”. Desde la siguiente, las dirigiría él. La primera, ‘Toma el dinero y corre’ (1969), un pseudo-documental. Los ejecutivos de la productora no sabían qué opinar; sin embargo, la cinta fue un completo éxito desde el principio.
En ‘Sueños de seductor’, conoció a Diane Keaton y se enamoraron. Con United Artists rodó ‘Bananas’ (1971), ‘Todo lo que quería saber sobre el sexo… pero temía preguntar’ (1972), ‘El Dormilón’ (1973). Recogió influencias de Groucho Marx, Bob Hope e Ingmar Bergman: ‘La última noche de Boris Gruchenko’.
El punto de inflexión fue ‘Annie Hall’: menos carcajadas, mayor reflexión sobre los seres humanos. Cuatro Óscar: Mejor actor, mejor actriz, mejor director, mejor guión (el año de ‘La guerra de las galaxias’). “Tuvo la oportunidad de explorar sus límites como artista. Y la aprovechó” (Martin Scorsese). Hizo un drama, ‘Interiores’. “Siempre ha deseado que se le tome en serio. Es una bendición y una tortura”, ha declarado su 2ª exmujer. La siguiente, ‘Manhattan’, en blanco y negro. La carta de amor sobre Nueva York de un romántico, de alguien vulnerable. “Ten un poco de fe en la gente”.
‘Recuerdos’ (1980), su película favorita, no fue un éxito comercial. Influida por Fellini, el público no se identificó con ella. Es una cinta sobre la sensibilidad artística y los problemas que eso conlleva. Tras este fracaso, ‘La comedia sexual de una noche de verano’, de vuelta a la comedia con Mia Farrow como musa.
En los 80, ‘Zelig’ (1983), ‘Broadway Danny Rose’ (1984), ‘La rosa púrpura de El Cairo’ (1985), ‘Hannah y sus hermanas’ (1986), ‘Días de radio’ y ‘September’ (1987), ‘Otra mujer’ (1988), ‘Historias de Nueva York’ y ‘Delitos y faltas’ (1989). En los 90, ‘Alice’, ‘Sombras y niebla’, ‘Maridos y mujeres’, ‘Misterioso asesinato en Manhattan’, ‘Balas sobre Broadway’ –en medio del juicio contra Mia Farrow sobre la custodia de sus hijos-, ‘Poderosa Afrodita’, ‘Todos dicen I love you’, ‘Desmontando a Harry’, ‘Celebrity’, ‘Acordes y desacuerdos’, ‘Granujas de medio pelo’. “Si contratas gente con talento y no les mareas, te dan lo que les ha llevado a ser lo que son”.
El cineasta neoyorkino se convirtió en cosmopolita: Londres (‘Match point’, 2005), Barcelona (‘Vicky, Cristina, Barcelona’, 2008), París (‘Midnight in Paris’, 2011), Roma (‘Desde Roma con Amor’, 2012), la costa azul a principios del siglo pasado (‘Magia a la luz de la luna’) y de vuelta a los EE UU, a California (la espléndida ‘Blue Jasmine’, 2013, con Cate Blanchett). “Simplicidad”: es un director que cree en el relato, en la palabra escrita. “It’s just story-telling”. Su productividad es propia de los años 30 (John Ford, Raoul Walsh). De momento, 50 películas desde 1969; 4 Óscars y 14 nominaciones.
Además de ser un guionista fabuloso y elegir muy bien el reparto, consigue que sus actrices y actores reciban un montón de premios porque les da la libertad de hacer sus mejores actuaciones, sin presionarles. “Todo el mundo tiene tantas ganas de trabajar con él que dan su mejor versión para no decepcionarle”, ha comentado un crítico. La clave está en un buen casting (selección para el desarrollo). “Es el mejor director de actores con el que he trabajado”, Naomi Watts.
Y no tiene miedo al fracaso, porque no trata de “superarse a sí mismo”, sino de hacer intuitivamente lo que cree que debe hacer en cada momento. Al ritmo de una peli al año. “Cuando miro atrás, me agrada comprobar que he cumplido mis sueños de infancia”, ha declarado Woody Allen.
Un documental muy valioso sobre uno de los principales talentos del séptimo arte.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

El Handbook de Talento de José Antonio Marina


Miércoles entre Madrid y Barcelona. A las 2 pm, reunión en el Gran Teatro del Liceo con mis compañer@s de Manpower de la ciudad condal. Un honor compartir con ell@s las novedades estratégicas para el 2015.
Ayer martes 16, el maestro José Antonio Marina publicó en El Confidencial un sabroso artículo sobre la movilización educativa: Objetivo 5A (www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/educacion/2014-12-16/movilizacion-educativa-objetivo-5a_591211/). Un texto impresionante, en el que JAM nos propone, frente al desánimo e irritación en la comunidad educativa, medios y administración, convertir nuestro sistema educativo en cinco años en un sistema de alto rendimiento, con el presupuesto previo a los recortes (el 5% del PIB). Una meta nada desdeñable. Para lograrlo, resulta imprescindible reducir el índice de fracaso escolar a niveles europeos (el 10%), mejorar considerablemente la calidad en las aulas (por ejemplo, acercándonos en el Informe Pisa a los mejores de la OCDE, con una subida de 35 puntos), organizar y prestigiar una educación profesional de calidad. Se puede lograr, porque lo han hecho otros países, como atestiguan los informes de McKinsey.
“En educación no hay milagros, pero tampoco enigmas. Lo que tenemos que hacer es aplicar a nuestro país lo que ha funcionado en otras naciones”. “Lo principal para cambiar un sistema educativo es conseguir excelentes equipos directivos, formar y seleccionar a los profesores –atrayendo a la gente más valiosa mediante el diseño de una carrera profesional–, la atención inmediata a los alumnos que se retrasan, la evaluación y la publicación de resultados, y la autonomía de los centros. Ninguna de estas medidas es especialmente cara y, por lo tanto, no vale la excusa económica…”
¿Quién debe iniciar la transformación educativa?, se pregunta Marina. Todos: profesores, centros, ciudades, comunidades autónomas, gobierno de la nación. Y además, familias, sindicatos, medios de comunicación y otras instituciones sociales.
El maestro Marina sueña (en la mejor acepción del término) con que la educación sea el tema estrella de las elecciones municipales, autonómicas y generales del 2015. Y much@s estamos con él. En una era en la que el talento es el bien más escaso y valioso, la generación de talento (la educación) es la nueva riqueza de las naciones.
También en El Confidencial, Marina entrevista a nuestra buena amiga Carmen Pellicer, presidenta de AECOPE (Asociación de Coaching Educativo y Calidad Pedagógica) y de la Fundación Trilema, que colabora decisivamente en la mejora de 800 centros españoles: www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/educacion/2014-12-16/quien-debe-gestionar-la-transformacion-educativa-para-que-produzca-resultados_591258/
La escuela de educación obligatoria es la estructura pública más organizada que ofrece una oportunidad única de aportar como sociedad una intervención valiente, ambiciosa y eficaz para mejorar el futuro de niños y jóvenes”, responde Carmen Pellicer a la pregunta de por dónde empezar una transformación educativa. ¿Cuánto tiempo se tarda? “Un proceso de mejora se puede realizar en un periodo corto de tiempo. Pueden verse resultados tangibles en los alumnos en un curso escolar, si focalizamos los objetivos y los esfuerzos en aspectos directamente vinculados a la mejora del aprendizaje de los niños. Pero si queremos un cambio sustancial, que afecte a la concepción del currículum, la sistematización en el uso de metodologías activas y las herramientas de evaluación del aprendizaje, la gestión de recursos variados y estimulantes y los modelos de personalización y atención a los alumnos, hablamos de un proyecto ambicioso de objetivos a medio y largo plazo que requiere al menos de tres cursos escolares. A partir de ese plazo, deben implementarse las medidas necesarias para mantener una tensión de excelencia constante que se debe evaluar anualmente.” Y concluye: “para valorar el efecto de una buena escuela, los beneficios deben ser medidos por indicadores que recojan también otros aspectos fundamentales para el desarrollo humano cuyos logros se ven en la calidad personal y la felicidad de los alumnos y sus entornos.” Libertad, dignidad y felicidad, nobles causas del talento como “inteligencia triunfante”, según nos ha enseñado el propio Marina.
Me siento muy orgulloso de que José Antonio Marina sea el mentor del área de Filosofía del Talento del Human Age Institute. En esta ambiciosa iniciativa, ha iniciado la confección del Handbook of Talent: http://joseantoniomarina.humanageinstitute.org/nuestra-definicion-de-talento/
En el Capítulo 1, ‘Nuestra Definición de Talento’, se arriesga a aportar una definición (provisional) de talento, que incluye la aptitud y su ejecución. El Talento es “la inteligencia que elige bien sus metas y moviliza la información, gestiona las emociones y ejerce las virtudes ejecutivas necesarias para alcanzarlas, y mantiene un proyecto de mejora continua”. Porque el Talento es autopoiético: se autoconstruye. “El talento hay que desarrollarlo o se pierde. No hay talento estancado”. Ya sabes: el talento que no se aprecia, se deprecia.
El Bucle Prodigioso: así lo llamó José Antonio Marina, así se titula su libro de 2012 que resume dos décadas de prodigiosas aportaciones del maestro y a ello está dedicando su vida. Muchas gracias, José Antonio. Como he dicho muchas veces cuando he tenido el honor de presentarte en los más diversos foros, las siguientes generaciones reconocerán en ti a un Marañón o a un Ortega y Gasset.  

martes, 16 de diciembre de 2014

El low cost como precio promedio y el impacto en el primer trimestre


Martes de reuniones comerciales en Madrid, con dos grandes empresas europeas para las que el talento es una prioridad. Da gusto tratar con compañías así.
Las empresas humanistas (Human Age Companies) suelen coincidir con las organizaciones “talentocéntricas”. Pareto nos diría que no superan el 20% del total; sin embargo, son las que sobreviven y triunfan en los mercados. El 80%, la gran mayoría, son empresas “talentofóbicas” (inconscientemente expulsan el talento, por falta de capacidad, de compromiso o por generar un contexto de clima de bajo rendimiento), de esperanza de vida mucho menor (su supervivencia está amenazada porque no se adaptan al ritmo del entorno). ¿Puede haber agilidad sin el talento adecuado?
He estado leyendo un par de artículos muy interesantes.
Jorge García Unanue (jorgegarcia.unanue@gmail.com) escribe en la web del Grupo IGOID (Investigación en la Gestión de Organizaciones e Instalaciones Deportivas) el artículo ‘Cuando el Low Cost pasa a tener un precio en la media’ (/www.investigacionengestiondeportiva.es/cuando-el-low-cost-pasa-a-tener-un-precio-en-la-media/). Excelente la labor del IGOID, liderado por la Dra. Leonor Gallardo. Investigación y Gestión Deportiva de talla mundial.
El autor nos habla del fitness y los centros deportivos (“un mundo en el que todavía se necesita más ciencia y teoría para definir conceptos”); su reflexión puede aplicarse a cualquier sector de la economía. No se puede definir un único modelo de éxito, pero sí tendencias. “Existen tres modelos diferenciados: Premium, mid market y low cost”. La polarización del sector (de éste como de casi todos) está llevando a la desaparición de la “zona media”, por lo que se habla con frecuencia del “reloj de arena”, calidad o precio bajo.   
“Aunque hace dos años parecía que los centros deportivos mid market iban a cambiar radicalmente, los cambios al final no han sido tan grandes”. Los usuarios low cost “tienen una ideología relacionada con la gestión económica utilitaria y eficiente”. Por tanto, no quieren pagar más por lo que necesitan.
Jorge García Unanue se pregunta: “¿y si ninguno de los dos panoramas anteriores se corresponde con lo que nos espera?”. Los low cost en España tienen un precio alrededor de los 20 € mensuales; empiezan a surgir nuevos centros que cobran 10 € o menos. Es el “affordable fitness”. Si este modelo se implanta efectivamente, “el low cost pasa a estar en el medio”.
Excelente artículo el de Jorge. Mi gratitud hacia él y todo el equipo de Leonor Gallardo, siempre en vanguardia.
En la web de Fast Company, he estado leyendo el artículo ‘Cinco maneras de generar impacto en el primer trimestre del año’, de Reid Carr.
Efectivamente, a estas alturas del año ya estamos planificando el Q1 de 2015. Para lograr un gran impacto, el autor nos propone:
1. Identificar el número más importante. “Lo primero que tienes que hacer es demostrar que marcas la diferencia. ¿Qué número sobre el que puedas influir está más conectado a los resultados de negocio? Para Marketing, tal vez las ventas. Céntrate en el número, asegúrate de que es el adecuado y mídelo. Hazlo público, exhíbelo. Todos deben ver que se mueve.
2. Construye tu “funnel” (embudo comercial). Aguas arriba desde tu gran objetivo, crea un proceso lineal con los temas principales.
3. Mira la fase de conversión o de compra. Es importante que estés familiarizad@ con el proceso de compra de tu producto o servicio. Para conseguir mejoras, primero observa (cómo se comporta un comprador a la hora de adquirir el producto); después, pregunta (al comprador: sensaciones, percepciones); en tercer lugar, realiza cambios y analiza los resultados.
4. Prioriza todo lo demás. Peligro: esto significa que puedes dejar de hacer ciertas cosas. De hecho, si no es así tal vez no estés priorizando lo suficiente. “No hay nada peor que pasar un tiempo limitado con recursos escasos en algo que no es fructífero”.
5. Trabájate tus prioridades y documenta tus hallazgos. Explicitar lo que has aprendido es casi tan importante como el propio proceso.             
Es, como suele ocurrir, sentido común pero no práctica común. Por eso no está de más, a final de temporada, recordarlo para aprovechar el primer trimestre lo mejor posible.

lunes, 15 de diciembre de 2014

¿Por qué Jobs, Zuckerberg o Gates no podrían haber nacido aquí? Los cinco secretos de la Innovación, por Andrés Oppenheimer


Este lunes tenía que estar en Galicia, haciendo coaching estratégico con el DG de una importante empresa gallega. Sin embargo, las malas condiciones climáticas y de mi propia circunstancia han aconsejado que lo posponga. He aprovechado la jornada para participar activamente en el Debate Virtual del Human Age Institute, para reuniones internas, de marketing, comerciales y de proyectos.
Ha pasado más de un siglo desde el “¡Que inventen ellos!” de D. Miguel de Unamuno (1906, precisamente el año de la teoría de la relatividad de Einstein).
He estado leyendo el último libro del gran periodista Andrés Oppenheimer (Buenos Aires, 1951), ‘¡Crear o Morir! La esperanza de Latinoamérica y las cinco claves de la innovación’. Hace poco le entrevistó una TV argentina: www.infobae.com/2014/10/20/1602994-andres-oppenheimer-su-nuevo-libro-la-innovacion-sera-uno-los-pilares-del-progreso
Admiro mucho a este galardonado periodista, columnista de ‘The Miami Herald’, presentador de un programa de CNN en español, autor del mensual ‘Informe Oppenheimer’ que se publica en 60 diarios de E.E.U.U. e Iberoamérica (‘La Nación’ de Argentina, ‘El Mercurio’ de Chile, ‘El Comercio’ de Perú o ‘Reforma’ de México),  y de siete best-sellers (entre ellos ‘Cuentos chinos’ y ‘¡Basta de historias!’) y ganador del Pulitzer, el Ortega y Gasset y el premio Rey de España. Andrés es uno de los intelectuales más influyentes de la región.
¿Por qué Iberoamérica (incluyendo España y Portugal) no produce un Bill Gates, un Steve Jobs, un Mark Zuckerberg? El autor ha viajado por todo el mundo y ha analizado ejemplos de éxito como Pep Guardiola, el chef peruano Gastón Alcurio, el estadounidense Bre Pettis (impresoras 3D) o el emprendedor británico Richard Branson en busca de respuestas, y se ha encontrado con cinco secretos de la innovación:
1. Crear una Cultura de Innovación: “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”. Los innovadores quieren vivir en “lugares vibrantes” (es el concepto de “Clase Creativa” de Richard Florida). El entorno crea a los genios y no al revés. Necesitamos un Messi de las ciencias y un Neymar de la tecnología, que sean premiados. Se aprende de los fracasos, no se les “castiga” para siempre.
2. Fomentar la Educación para la Innovación.
3. Derogar las leyes que matan la innovación.
4. Estimular la inversión en innovación. Mientras en EEUU el 70% de la inversión en I+D+i es privada, en Argentina es el 21%, en México el 43% y en Brasil el 46%.
5. Globalizar la innovación. En EEUU hay 235.000 estudiantes chinos, 97.000 indios, 71.000 coreanos, 45.000 saudíes, 20.000 vietnamitas… 16.000 mexicanos, 11.000 brasileños, 7.000 colombianos, 6.000 venezolanos, 2.500 peruanos, 2.400 chilenos y 1.800 argentinos. China posee 441.000 universitarios en el extranjero; España, 22.000; Brasil, 23.000 y México, 26.000. “Aplaudimos la globalización en el fútbol y no en las ciencias”.
Pensemos en el Silicon Valley. Cuando el autor trató de averiguar el secreto del éxito de este lugar, le sorprendió lo poco que tiene que ver con parques científicos o tecnológicos creados por los gobiernos, o con cualquier otro proyecto planeado desde arriba por las autoridades nacionales o locales. “El secreto de Silicon Valley está en la gente que vive allí, y su peculiar forma de pensar”.
Lo que los presidentes iberoamericanos que pretenden reproducir el modelo están haciendo son “proyectos inmobiliarios que no sirven para más que para proyectar una imagen ficticia de progreso científico y tecnológico”. Ejemplos: En Ecuador, Rafael Correa está gastando $1,040 millones en una “Ciudad del Conocimiento’’, Yachay, a dos horas de Quito. En Argentina, Cristina Fernández de Kirchner destina más de $30 millones anuales en una feria científica-tecnológica llamada Tecnópolis: “ciudad de la tecnología, de la innovación’’, “símbolo de la Argentina que queremos’’.
A pesar de tener grandes reservas de talento, Iberoamérica sigue siendo una de las regiones más atrasadas del mundo en lo que hace a la innovación productiva. Oppenheimer nos ofrece datos muy relevantes:
▪ En materia de patentes, Estados Unidos registró 57.000 patentes ante la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) de las Naciones Unidas al año pasado y Corea del Sur 12.400 patentes. Toda América Latina y el Caribe juntos registraron cerca de 1,200 patentes (Brasil registró 660, México 230, Chile 140, Colombia 80, Argentina 26, Panamá 18, Perú 13, Cuba 9 y Venezuela 1).
▪ De todo el dinero mundial en I+D, solo el 2’4% se invierte en América Latina, de acuerdo con la Organización de Estados Iberoamericanos, con sede en Madrid. El 37’5% se invierte en los Estados Unidos y Canadá, el 32’1% en la Unión Europea y el 25’4% en Asia.
▪  Las empresas privadas latinoamericanas lanzan al mercado 20% menos de nuevos productos que sus rivales en otras regiones del mundo emergente. Según un reciente estudio del Banco Mundial, el 90% de las empresas polacas lanzaron nuevos productos en el último año y solo el 40% de las mexicanas.
Pensemos en gente creativa como Gastón Acurio, el chef peruano que comenzó su carrera experimentando con las comidas del Amazonas, convirtió su restaurante francés en uno de comida peruana, e inició un movimiento de chefs peruanos que ha revolucionado la cocina de su país. Actualmente, Acurio tiene más de 40 restaurantes peruanos en Nueva York, Miami, Madrid, Bogotá, Buenos Aires y otras capitales del mundo, y la cocina peruana se ha convertido en un fenómeno económico que representa el 9% del PIB del Perú. Acurio se ha convertido en un héroe nacional y según las encuestas tiene un índice de aprobación mayor que cualquier político o figura pública peruana.
Luis von Ahn, el joven guatemalteco que a los 22 años co-inventó CAPTCHA (esas pequeñas cajitas con letras distorsionadas que uno tiene que copiar en la pantalla de la computadora para probar que uno es humano, y no un robot tratando de enviar correos basura), un programa ahora utilizado por personas en todo el mundo. Vendió una versión de su programa a Google por varios millones de dólares.
Alfredo Zolezzi, diseñador industrial chileno que inventó un sistema de purificación de agua de bajo costo que puede darle agua potable a muchos de los 780 millones de personas en todo el mundo. Zolezzi, que vive en Viña del Mar, ha inventado un dispositivo simple para convertir el agua contaminada en plasma, y la plasma en agua limpia. Comenzó probándolo dándole agua potable gratuita a 19 familias en un barrio pobre, y más tarde obtuvo la validación de su invento por parte de la Fundación Nacional de Sanidad de Estados Unidos.
Pero ¿por qué no hay más innovadores latinoamericanos como Acurio, Von Ahn y Zolezzi, que estén trascendiendo sus propios países y tengan un impacto mundial, como Steve Jobs, o Bill Gates?
La mayoría de los estudios señalan que se debe a que los países de América Latina tienen sistemas de educación de mala calidad, producen demasiados graduados en humanidades y demasiado pocos en ciencia e ingeniería, y porque carecen de ecosistemas favorables a las empresas que fomenten el espíritu empresarial y la innovación. Todo eso es muy cierto, y hay muchas estadísticas que prueban que estas problemas son muy serios.
Sin embargo, para Oppenheimer los mayores obstáculos a la innovación en la región son de una naturaleza diferente. La mayor traba a la innovación es la ausencia de una cultura de veneración a los innovadores y a los emprendedores, y la falta de tolerancia social con el fracaso individual.
En la mayoría de países de América Latina, hay decenas de millones de niños que quieren ser estrellas del fútbol, pero relativamente pocos quieren ser el próximo Premio Nobel de Química o un empresario de éxito. Por eso, mientras que Corea del Sur tiene 5.451 investigadores científicos por millón de habitantes, América Latina tiene sólo 560 (Fuente: Banco Mundial). “Esa cultura de veneración para los innovadores se puede crear, con la ayuda de buenas campañas mediáticas y jugosos premios para inventores productivos y emprendedores”.