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martes, 7 de febrero de 2017

Inteligencia corporal. Por qué la mente necesita al cuerpo más de lo que pensamos


Día en Madrid (reuniones comerciales y de dirección) y AVE a Valencia a las 19,40 para participar mañana de 9 a 10,30 en una jornada de la Asociación Española de Directivos (AED) en el hotel Westin sobre Liderazgo Innovador en la práctica. Mi gratitud al equipo de la AED, con quien el Human Age Institute mantiene una relación fraternal.

He estado leyendo ‘Inteligencia corporal’, de Guy Claxton. El Dr. Claxton, autor entre otros de ‘Cerebro de liebre, mente de tortuga’, es profesor emérito de Ciencias del Aprendizaje de la Universidad de Winchester y uno de los mayores expertos británicos en Creatividad. En este libro desvela, desde las últimas investigaciones en Neurociencia, que nuestro cuerpo no es un vehículo de la mente, sino el núcleo de nuestra vida inteligente. Es el concepto de “inteligencia encarnada” (Intelligence in the Flesh). “Sólo creemos en aquellos pensamientos no concebidos en el cerebro sino en el cuerpo entero” (W. B. Yeats).
El autor aclara que “no tenemos cuerpo, somos cuerpo”, lo que supone una nueva visión sobre nosotr@s mism@s. La inteligencia emocional es una parte de la inteligencia corporal.
El propósito del libro es unificar mente, cerebro y cuerpo. El cuerpo ha sido históricamente “el sarcófago del alma”, incluso su enemigo. En la época de Aristóteles ya estaban separados el entrenamiento físico y el mental; Descartes consumó en Occidente la división, el abismo. ¿Y qué decir de la mente? Se ha percibido como el órgano de la inteligencia (una inteligencia racional, lógica, desapasionada). La visión cartesiana de la mente ha llegado a nuestros días. A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, la psicología “cognitiva” ha sido la rama predominante. En 2.500 años “han corrido malos tiempos para el cuerpo”.
En realidad, somos un montón de células, una “sopa bioquímica”, una forma de movimiento (“existimos sucediendo”). Somos “una jaula flexible” formada por nuestros órganos. Nuestro yo corporal es un sistema, un SDAC (Sistema Dinámico Adaptativo Complejo). Desde esta perspectiva, el cuerpo no es un sustantivo sino un verbo. Para resonar, contamos con nuestros excepcionales sentidos: la piel (el tacto es una acción) y el cerebro entretejido. El cerebro y el cuerpo se hablan por comunicación química.
Respecto a las emociones, Paul Ekman y Jaak Pankseep han trabajado los modos emocionales básicos: aflicción, recuperación, repugnancia, miedo, ira, pena, vergüenza, deseo, investigación, cuidado, ansiedad. Las emociones se combinan en estados de ánimo. 
Disponemos de una mente encarnada a través del lenguaje (por ejemplo, mediante las metáforas), la conversación corporal y los efectos del cuerpo sobre el pensamiento (en una postura confiada, la testosterona se eleva un 20% y el cortisol desciende un 10%; en una postura sumisa, lo contrario: el cortisol sube un 15% y la testosterona baja un 25%). Hay una relación estrecha también en las matemáticas y la creatividad.
Brotes de consciencia con hábitos de atención. “Somos extrañ@s para nosotr@s mism@s” (Timothy Watson, Universidad de Virginia).
Finalmente, Guy Claxton nos recuerda que de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, la inteligencia corporal (cinestésica) y la emocional (intrapersonal e interpersonal) deberían conectarse más.
Se trata de un libro muy interesante e innovador. Claxton nos aporta, además de nuevos conceptos (innovadores) y técnicas para conectar de nuevo con nuestro cuerpo.

Hoy te propongo ‘La tortura’, de Shakira con Alejandro Sanz: www.youtube.com/watch?v=Dsp_8Lm1eSk “Yo sé que no he sido un santo…”