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martes, 14 de febrero de 2017

PEAK: Secretos para ser l@s mejores en lo que nos propongamos, por Anders Ericsson


De Santander a Madrid (avión de las 7,30) y en AVE de Madrid a Alicante (coaching estratégico) para terminar en Murcia con Dirección Humana, la asociación de DRHs de la región. Ayer disfruté mucho en CEMIDE hablando de Liderazgo Innovador (es un honor que hayan contado con un servidor para su ciclo 2017, en el que también estarán José María Gay de Liébana y Daniel Lacalle). Y después, cenita-picoteo en ‘Días de Sur’, el espléndido restaurante de Carlos y Lucía Zamora, los propietarios de De Luz en Santander y La Vaquería en Madrid, entre otros, con autoridades univeristarias (de la Universidad de Cantabria y la Europea del Atlántico) y de CEMIDE. Mi gratitud a Ana, Pilar, Silvia, Pablo y Miguel Ángel por una cena sumamente agradable, y a las decenas de personas que acudieron a la conferencia en el Hotel Bahía.
En Barajas, ayer me encontré con el nuevo libro de Anders Ericsson, ‘Peak’, que en castellano se ha traducido por ‘Número Uno. Secretos para ser el mejor en lo que nos propongamos’, de Anders Ericcson. Como sabes, el profesor Ericsson es el padre intelectual de las “10.000 horas”, popularizado por Malcolm Gladwell. El tiempo y esfuerzo necesarios para destacar en cualquier disciplina.
El prólogo de José Antonio Marina ya es suficiente para valorar este texto. JAM nos habla de que (como buen detective del talento) lleva años siguiéndole la pista a Anders Ericsson. Por ello le presenta “como se presenta a un viejo amigo”, como a un científico optimista, pero riguroso. Nos ha enseñado que el talento no es una cualidad innata, sino aprendida. “No hay genialidad sin esfuerzo”. Sus investigaciones demuestran que  lo que permite alcanzar la maestría (el expertise) es la práctica deliberada. La distinción de l@s mejores es “una peculiar organización de la memoria”: reconocimiento de patrones. El talento está en la acción. José Antonio insiste certero: el talento está al final (de la educación) y no al principio. En esta “era del aprendizaje”, es una sensata utopía que a sus seguidores nos ilusiona. ¡Bravo, Maestro!
Anders Ericsson (y el periodista científico Robert Pool, con quien escribe el libro) comienzan con fuerza, con el “caso Mozart” y su “oído absoluto”, “oído perfecto”, capaz de detectar cada nota. Lo tenían Brahms y Frank Sinatra; no lo tenían ni Stravinsky ni Miles Davis. ¿Innato? En absoluto. Se adquiere con formación musical anterior a los 5 años, como ha demostrado la psicóloga Ayako Sakakibara de  la escuela de música Ishikonai de Tokio en 2014. Mozart padre elaboró el primer manual para la educación musical de los niños, trabajó con su hija Ana (Nannerl) y después con Amadeus desde los 4 años. “El don no es el oído absoluto, sino la capacidad de desarrollarlo”. Lo llamamos Learnability (Aprendibility). El cerebro es adaptable, flexible, maravilloso.
Después de 30 años de experiencia, a Anders no le cabe la más mínima duda de que la práctica deliberada es el patrón de referencia del talento. Desde que trabajó en la Carnegie Mellon ayudando a estudiantes a memorizar dígitos, se percató de que la memoria a corto plazo posee limitaciones, pero la memoria a largo no. Con 200 sesiones de entrenamiento, su pupilo Steve llegó a 82 dígitos. Los “ejecutantes extraordinarios” (peak performers) no aprenden de forma convencional (práctica ingenua), sino que aplican la práctica intencional. Más centrada y reflexiva, con objetivos bien definidos. “La clave es tomar el objetivo general, mejorar y convertirlo en algo concreto para poder trabajar en una expectativa realista de mejora”. A l@s coaches esto nos suena. La práctica intencional necesita salir de la zona de confort para progresar (AE pone el autor de Benjamin Franklin, que nunca destacó como ajedrecista porque no lo hizo así). No es esforzarse más, sino de manera distinta. Con un/a entrenador/a, por supuesto. Entre otras cosas, porque ayuda a mantener el nivel de motivación.
Se sabe que el cerebro de los taxistas londinenses se ha modificado por la práctica deliberada (Eleanor Maguire, University College de Londres, 2011), aumentando un 30% el hipocampo. Nuestro cerebro cambia con el entrenamiento intenso. Lo que ocurre en el cuerpo con la gimnasia o el Pilates, ocurre en la mente con el entrenamiento. La tendencia a la homeostasis (estabilidad) podemos desafiarla. Cuanto mayor es el reto, mayores son los cambios… hasta un punto que no sea excesivo. “Creamos nuestro propio potencial”.
Los maestros de ajedrez, capaces de jugar a ciegas, poseen “representaciones mentales” de la partidas. Bill Chase y Herb Simon llamaron a estos patrones “trozos” (chunks) y se retienen en la memoria a largo plazo. Los maestros de ajedrez cuentan con más de 50.000 trozos. La práctica deliberada nos permite tener representaciones mentales cada vez más eficientes. No hay destrezas (skills) generales, sino particulares. Paul Ward y Mark Williams demostraron, por ejemplo, que es precisamente la marca de los grandes futbolistas: predecir lo que va a suceder en el campo. Es “dar sentido a la información” y encontrar una respuesta. Como los mejores cirujanos, que visualizan la operación antes de la primera incisión. Anders y Robert ponen como caso la propia elaboración de este libro (qué queremos contar y cómo hacerlo). Además la relación entre expertise y representaciones mentales forma un círculo virtuoso (Marina lo llamó en su día “bucle prodigioso”). El bosque y los árboles, los árboles y el bosque.
Patrón de referencia: Anders Ericsson cuenta que en otoño de 1987 fue invitado al Instituto Max Planck de Desarrollo Humano de Berlín. Allí empezó su investigación con violinistas en la Universidad de las Artes de la capital alemana. Lo que diferenciaba a los estudiantes de violín excepcionales de los buenos era, de media, un esfuerzo extra de 7.410 horas en solitario. La dedicación es la clave.
La práctica deliberada se define como un conjunto de técnicas eficaces (ya demostradas), saliendo de la zona de confort, con objetivos definidos y concretos, plena atención (por eso es “deliberada”), con feedback, que anima a generar representaciones mentales, para mejorar continuamente destrezas. “La regla de las 10.000 horas no es realmente una regla”: depende de la disciplina, si bien el número es mágico y atractivo. La moraleja es el poder del esfuerzo continuado.
En el trabajo, la práctica deliberada derriba tres mitos: el talento genético (no es innato), simplemente el tiempo (repetir no es necesariamente ganar experiencia) y el esforzarse por esforzarse (hay que hacerlo bien). Sin el enfoque correcto, las personas no mejoran. El Dr. Ericsson nos propone el enfoque “Top Gun” del aprendizaje: fuego real. “Lo esencial es lo que un@ es capaz de hacer, no lo que sabe”. Como médico, asistir a cursos y seminarios sin practicar no te hace mejor profesional.
Principios de la práctica deliberada en la vida cotidiana:
- Busca un/a buen/a coach. Cercano y exigente, con sabiduría y experiencia (ha recordado que precisamente Marina propone llamar a los profesores “entrenadores”).
- Compromiso: si divagamos y nos relajamos, no lo conseguiremos. La atención y la concentración son esenciales.
-  Si no tienes coach, traza un plan y aprende de los demás.
- Supera el estancamiento (aquí también el/la coach ayuda). Hay que mantener la motivación, porque la práctica deliberada es un trabajo arduo. Anders prefiere a “fuerza de voluntad” (que se admira a posterior), el término “motivación”: debilitar los motivos para abandonar. “Si seguimos practicando, con el tiempo nos parecerá más fácil”. La fe es importante. Benjamin Franklin tenía un club, “el Junto”, en el que se apoyaban unos a otros.
En definitiva, un sueño y un camino para lograrlo. Anders Ericsson pone el ejemplo de Laslzo Polgar y sus tres hijas ajedrecistas. ¿Pautas? Empezaron de niñas, como un juego. Tras mostrar interés, un entrenador (primero, experto en niños; luego, cada vez mejor). Compromiso, sobre todo durante la adolescencia (entrenar a un tenista de élite cuesta unos 32.500 $ anuales, según Money 2014). Hasta que superen a sus educadores.
Entonces, ¿el talento natural? No hay atajos. El talento innato es una creencia arraigada (del capitalismo, de la ética calvinista, me atrevo a añadir). Ericsson analiza los ejemplos de Paganini, de la leyenda de Mozart, del saltador Donald Thomas, de ajedrecistas… siempre es cuestión de práctica (deliberada). “Nadie ha conseguido identificar a gente con un talento innato”. De hecho, hay un lado oscuro, como es evidente.
¿Y ahora qué? es el capítulo final del libro. Se abre un enorme campo de posibilidades con la promesa de la práctica deliberada, en la educación, en el deporte, en la empresa. Del “Homo sapiens” (y “homo ludens”), al “Homo exercens”. Ericsson menciona, claro está, a Csikzentmihalyi y la Fluidez. Es “el poder que nos otorga tomar las riendas de nuestro futuro”.
Nos hacía falta un libro como éste a quienes amamos el Talento y el Coaching. Gracias a los autores y al prologuista por esta obra tan importante.

En este día de San Valentín, en recuerdo de Al Jarreau, recientemente fallecido, L is for Lover: www.youtube.com/watch?v=hyFyqVLfiuA  

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