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domingo, 6 de agosto de 2017

A menos de cinco centímetros, por Marta Robles


Durante estas vacaciones he decidido leer, además de los habituales textos de ensayo (dirección empresarial, filosofía y humanidades, historia y ciencia) relatos de ficción. Así que este domingo de descanso y comida oriental, he comenzado por ‘A menos de cinco centímetros’, de Marta Robles.
He hablado en otras ocasiones en el blog de esta escritora y periodista de 54 años a la que admiro mucho, con la que tuve el honor de compartir auditorio hace más de una década, con ocasión de un curso de verano de Eurofórum Escorial y de quien ensalcé (el pasado 6 de octubre, aquí en ‘Hablemos de Talento’) su obra ‘Haz lo que temas’, en la que se atrevía a confesar su inseguridad (más allá de su seguridad aparente, impostada). Para Marta, “la inseguridad es miedo. Miedo a no estar a la altura de las circunstancias y de los otros”. Por ello, nos propone, citando a Ralph Waldo Emerson:  “Haz siempre lo que temas hacer”.

‘A menos de cinco centímetros’, elogiada por Rosa Montero como “una historia apasionada, una intriga tórrida que se lee con fruición de voyeur y que nos habla del amor y del dolor, del lujo y de su trastienda más tenebrosa”, es la primera incursión de Marta Robles en la novela negra. Y lo hace “por la puerta grande”, con relato imprescindible, que se degusta y da qué pensar.
Se trata de la historia de un detective desencantado, Tony Roures, que ha sido corresponsal de guerra (entre otros conflictos bélicos, en Sierra Leona) y acaba convertido en especialista en infidelidades, y una femme fatale, Misia Rodríguez de Rothman, exquisita esposa (ávida lectora, de gustos refinados en la moda) de un magnate de los medios de comunicación, que cae fascinada por Artigas, escritor de gran éxito, atractivo, cosmopolita, mujeriego y por supuesto cínico. A Roures, que ha perdido la enésima batalla del corazón y se traslada a una buhardilla de Malasaña, acude la joven Katia Kohen, porque sospecha que Artigas no sólo mató a su madre, de quien fue amante, sino a otras tres mujeres casadas (y bien casadas) que fueron infieles con él.
¿Qué es lo que más me ha gustado de ‘A menos de cinco centímetros’? La historia, con distintos giros sorprendentes y una serie de personajes, varones y mujeres, muy sugerentes. La honestidad y transparencia de tratar una cierta infidelidad femenina (la esposa que apuesta decididamente por la estabilidad, aunque tenga el corazón lejos del hogar) de primera o segunda mano, a través de amigas… Y por supuesto el ritmo y la calidad de la narración. Entre mis frases favoritas de la misma: “(Antonio Artigas) parecía un hombre muy atractivo y viril. De esos que destilan testosterona. Justo estaba pensando en él, cuando apareció sobre el escenario en compañía de sus colegas. Mientras los aplaudían, Misia no pudo evitar examinarlos de arriba abajo. Artigas, sencillamente, eclipsaba a sus compañeros”, “Misia se mordió el labio inferior como solía hacer siempre que se ponía nerviosa. No sabía en qué momento había sucedido, pero notaba que el espacio se había reducido entre ellos (…) Pero además, con aquel, se sentía vulnerable. Le provocaba unas sensaciones que no recordaba haber sentido antes. No era solo su evidente atractivo, sino más bien que le generaba una inquietud extraña que no acertaba a explicarse”, “sabía por todas sus vidas vividas que el tamaño de los errores y vilezas escondidas no tenía tanto que ver con las calidades humanas, como con las situaciones personales. Ponerse a prueba y descubrirse miserias solía ser todo uno”, “nada impacta más a una mujer que la decisión”, “Somos distintos. Hombres y mujeres. Y parte de nuestra relación es una especie de guerra”, “Interesante mujer de bellísimos ojos tristes”, “imposible no seguirte sabiendo que caminas”, “La reina Ginebra, Madame de Tourvel, Madame Bovary, la Regenta, Anna Karenina, Luisa de Renal… No parecían tan tiernas en sus épocas y en sus tórridas historias, pero lo eran. Por eso no tuvieron tiempo para evaluar la posibilidad de ser infieles o no. Simplemente, no pudieron evitarlo”, “Qué hubiera sido de nosotros en la guerra sin nosotros… Que hubiera sido de mí sin ti”, “Todo estaba bien. Ella tampoco quería abandonar a su marido. No lo habría hecho de ninguna manera. Jamás. Por demasiados motivos. Entonces, ¿dónde estaba el problema?, ¿dónde la deslealtad? ¿El sexo era la deslealtad? ¿Y no era mayor la deslealtad de permanecer al lado de un amor que nunca lo fue?”, “(En la vida real) el amor no es más que un estorbo. Una debilidad que nos hace vulnerables”.
El truco de calidad de Marta Robles nos lo revela la escritora en los agradecimientos finales. Se trata del tándem, que algunos consideramos “la unidad mínima de Liderazgo”. Marta agradece a Arturo Pérez-Reverte la inspiración, su generosidad al aportar documentación y la minuciosidad en la revisión “del primer renglón hasta el último”. Al corresponsal de guerra Jon Sistiaga por darle la clave en algunos acontecimientos fundamentales de la trama y enseñarnos que “lo peor de una guerra es fallarles a las personas que quieres”. A Alfonso Rojo, por su humor y cortesía. A Manuel Loureiro por ayudarla a diseñar el personaje del escritor Armando Artigas. A Daniel Martín Mayorga por echar una mano creando la biblioteca de Misia (fascinante), a Emmanuel Monreal por descubrir a la autora el perfume ‘Misia’ de Chanel, de violetas (“Ese olor… ¿son violetas? Nunca había conocido a nadie que llevara el perfume a juego con el color de los ojos”). A Ramón Pernas por ayudarla a saltar al vacío, a Fernando Marías por resolverle dudas literarias. A Kareen Hatchwell por enseñarle el mundo de los judíos, a su amiga Carmen Orellana, a Pepe y a Chema… “Last, but not least”, a Luis  Martín de Bustamante, “por su elegancia, su silencio, su olfato, su paciencia, su amor” (como probablemente sepas, Luis es el segundo marido de Marta, tras Ramón Langa, y padre de sus hijos Miguel, de 13 años, y Luis, de 10). Mi gratitud a Marta Robles y este equipo tan especial de 12+1 amigos y pareja sin quienes la novela no habría sido igual.
Por lo que ha comentado en alguna entrevista, Marta Robles tiene poco de Misia y mucho de Roures (“Robles” en catalán). Dos mundos: el del lujo (inalcanzable para muchos) y el sórdido de los fanatismos. En palabras de Marta: “Lo máximo para mí es la bondad. La inteligencia o la belleza van después, y creo que las personas inteligentes tienen la obligación de ser buenas”.

De entre las canciones que aparecen en ‘A menos de cinco centímetros’, propongo tres: Love Scene, de Jerry García, que aparece en la banda sonora de Zabriske Point: www.youtube.com/watch?v=P6_8h64pxTU “Memory is the way of holding onto the things you love, the things you are, the things you never want to lose”. ‘Across the universe’ de los Beatles: www.youtube.com/watch?v=kKP82AZ9zmE “Nothing is gonna change my world”. Y “Zou Bisou Bisou” de Jessica Pare (Mad Men): www.youtube.com/watch?v=3uYyMocufE4 “Mon dieu qu’ils son doux”.        

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